Calentamiento Global
Producir más y más plástico: el NUEVO NEGOCIO de las grandes petroleras
Publicado
hace 6 añosel
Por
ANWO
Ante la disminución de la demanda de combustibles fósiles, la industria del gas y el petróleo en apuros está invirtiendo miles de millones de dólares en nuevas plantas diseñadas para producir millones de toneladas más de plásticos y millones de toneladas más de contaminación.
A medida que las ganancias de las compañías petroleras se hunden en medio de la disminución de la demanda de su producto, los gigantes del petróleo y el gas están apuntando a un nuevo mercado: están invirtiendo miles de millones de dólares en nuevas plantas diseñadas para producir plástico a partir de productos químicos procedentes de combustibles fósiles.
La industria petrolera planea aumentar la producción de plástico en un 40% durante la próxima década. El gran plan de la Big Oil significa que millones de toneladas más de plástico, y millones de toneladas más de emisiones, inundarán el mercado y el medio ambiente.
Según el Centro de Derecho Ambiental Internacional, más del 99% del plástico está hecho de productos químicos procedentes de combustibles fósiles. Un estudio reciente publicado por Environmental Research Letters identificó 88 proyectos petroquímicos en la fase de planificación o desarrollo a lo largo de la Costa del Golfo. Si se completan todos, la producción de emisiones combinadas podría llegar a 150.8 millones de toneladas métricas, el equivalente a 38 plantas de carbón.
Para 2030, las emisiones de la producción e incineración de plástico a nivel mundial podrían alcanzar las 1.34 gigatoneladas al año, la cantidad equivalente de dióxido de carbono liberado por 295 plantas de carbón cada año.
“El plástico es combustible fósil en otra forma. Todo lo que sucede antes de que veas que el plástico en los estantes genera emisiones intensas”, dijo Steven Feit, abogado del Center for Environmental International Law. «Libera todo tipo de contaminantes y productos químicos tóxicos».
Hay más de 30 plantas de plástico en el oleoducto, desde el valle del río Ohio hasta la costa del Golfo, ya que las compañías petroleras apuntan a convertir el actual exceso de oferta de gas etano fracturado en polietileno, un tipo de plástico.
Por ejemplo, a 40 kilómetros al noroeste de Pittsburgh, cerca de la frontera con Ohio, Shell está construyendo un enorme complejo petroquímico de $6 mil millones. La propiedad de 386 acres es alimentada por un sistema de tuberías de 98 millas que entregará hasta 100,000 barriles de etano por día a la planta «cracker», que «romperá» las moléculas de etano para producir plástico para carcasas de teléfonos, autopartes, botellas, bolsas, juguetes, envases de alimentos y otros productos plásticos.
Según Popular Science, la planta tendrá su propio sistema ferroviario con 3,300 vagones de carga y producirá más de un millón de toneladas de plástico cada año, junto con millones de toneladas más de contaminación.
La planta de cracker de Shell podrá producir más de 2 millones de toneladas de dióxido de carbono cada año, 152 toneladas de amoníaco y más de 522 toneladas de compuestos orgánicos volátiles que pueden causar daño al sistema nervioso, según un informe de Pittsburgh Action News.
Además de la contaminación del aire, la planta producirá plástico difícil de reciclar, la mayoría de los cuales terminará como desechos en los vertederos.
La química y defensora del medio ambiente Wilma Subra ha estudiado las plantas de craqueo en Luisiana y el área industrial entre Nueva Orleans y Baton Rouge conocida como el «callejón del cáncer». Ella proyecta que la planta de plásticos de Shell dará lugar a más plantas petroquímicas en el área, graves emisiones al aire y el desarrollo de un callejón de cáncer en Pensilvania que tendrá un impacto dramático en la salud pública.
Bob Schmetzer, presidente de un grupo local de Pensilvania que se opone al fracking, dijo a Popular Science:
“La contaminación que tenemos aquí fue causada por plantas anteriores, y ahora Shell va a agregar más a eso. Harán su dinero, y luego empacarán sus maletas cuando el dinero deje de entrar, dejando atrás la contaminación”.
La planta de Shell es solo una de las muchas plantas de plástico que se han construido o están en desarrollo en los EE. UU. En 2017, DowDuPont se convirtió en el primer gigante químico en poner en marcha un importante complejo de etileno a lo largo de la costa del Golfo de Texas.
En 2019, Chevron Phillips Chemical hizo un trato con Qatar Petroleum para desarrollar su segunda planta de plásticos: una planta de $8 mil millones en la Costa del Golfo capaz de procesar 2 millones de toneladas métricas de etileno al año y 1 millón de toneladas de polietileno, la más grande del mundo en plástico común. La planta está programada para abrir en 2024.
ExxonMobil, la compañía internacional de petróleo y gas más grande que cotiza en bolsa, comenzó la construcción de su planta de plásticos multimillonaria en 2019 y anunció una expansión de $2 mil millones en su planta química en Baytown, Texas, para comenzar a mediados de 2021.
En 2019, ExxonMobil se asoció con Saudi Arabia Basic Industries Corp. para construir un complejo de productos químicos y plásticos de $10 mil millones en Corpus Christi, Texas. La empresa conjunta con la compañía de propiedad de Arabia Saudita creará la planta de craqueo a vapor más grande, dos unidades de polietileno y una unidad de monoetilenglicol que se terminará en 2022.
La ubicación de la planta de plásticos de ExxonMobile en Baton Rouge produce por sí sola 1,080 millones de libras de polietileno y 200 millones de libras de elastómero de etileno cada año, informó la compañía.
A lo largo del «callejón del cáncer» del corredor del río Mississippi, se han aprobado siete nuevas instalaciones petroquímicas y ampliaciones desde 2015, que amenazan a vecindarios empobrecidos y contaminados.
Empresas petroleras engañaron al público sobre el reciclaje para vender plásticos
Para vender plástico a la gente, las compañías de petróleo y gas gastaron millones de dólares engañando intencionalmente al público estadounidense sobre las causas de la contaminación plástica. También anunciaron falsamente la reciclabilidad de sus productos, según una investigación de NPR y PBS Frontline.
Los sitios de noticias investigaron documentos internos y entrevistaron a altos funcionarios de la industria petrolera. Descubrieron que la industria «vendió al público una idea que sabían que no funcionaría, que la mayoría del plástico podría reciclarse y se reciclaría, todo mientras ganaba miles de millones de dólares vendiendo plástico nuevo en el mundo».
Larry Thomas, ex presidente de la Asociación de la Industria del Plástico, también compartió su opinión sobre los plásticos con NPR. «Si el público piensa que el reciclaje está funcionando, entonces no se preocupará tanto por el medio ambiente», dijo.
Según un informe de Carbon Tracker, solo alrededor del 5% del plástico del mundo se recicla realmente. En Estados Unidos, se recicla menos del 10% del plástico. Otro 15% se quema para generar energía y el resto termina en vertederos donde se demoran cientos de años en descomponerse.
Un estudio histórico de Science Adventures encontró que la producción global de plásticos aumentó de 2 millones de toneladas métricas en 1950 a más de 400 millones de toneladas métricas en 2015. Durante el mismo período, los seres humanos crearon 8.3 mil millones de toneladas métricas de desechos plásticos. De esos residuos, solo el 9% se recicló, el 12% se incineró y el 79% se acumuló en vertederos o en el medio natural.
Si esta tendencia continúa, los científicos proyectan que aproximadamente 12 mil millones de toneladas métricas de desechos plásticos estarán en los vertederos o en el medio ambiente para 2050, el peso equivalente a 35,000 edificios Empire State.
Peligros de los plásticos para el medio ambiente
Según una exposición en Rolling Stone, la contaminación plástica es global, imposible de remediar por completo y amenaza con alterar todo, desde los océanos hasta el carbono en la atmósfera.
Un informe de Oceana reveló que casi 1,800 mamíferos marinos y tortugas marinas se habían tragado o enredado en plástico a lo largo de las costas estadounidenses desde 2009. De esos animales, el 88% figuraba como especies en peligro de extinción o amenazadas bajo la Ley de Especies en Peligro.
La conversión de combustibles fósiles en plástico también contamina el agua, ya que los diminutos gránulos de plástico producidos en las plantas de cracker contaminan las vías fluviales y son consumidos por aves y peces.
El plástico se acumula en la red alimentaria y aparece en los mariscos, la sal de mesa e incluso en el agua embotellada. Se mezcla con colorantes, retardadores de llama y plastificantes. A medida que el plástico se descompone durante un largo período de tiempo, absorbe toxinas del medio ambiente, incluidos los bifenilos policlorados o PCB.
Joe Vaillancourt es director ejecutivo de una empresa que refina el plástico del reciclaje en la acera para convertirlo en combustible. En un pequeño lote de 10 libras, encontró mil productos químicos diferentes, muchos de los cuales se han relacionado con el cáncer y problemas de salud graves.
Hay más de 100 productos químicos preocupantes en la contaminación del aire de las plantas de craqueo, incluidos carcinógenos como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno que pueden causar problemas de salud en las comunidades vecinas, según el Centro para la Diversidad Biológica.
Numerosas demandas iniciadas por defensores del medio ambiente están preparadas para hacerse cargo de las plantas de plástico y obligar a la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. y otras agencias a implementar regulaciones.
En última instancia, la industria del plástico “tendrá que lidiar con el impacto de las pegatinas del que ahora es responsable y tendrá que pagar para mantener los plásticos fuera del medio ambiente”, dijo el representante Alan Lowenthal de California.
“Lo que tenemos en plástico es algo que nos ha hecho la vida más cómoda y fácil. Pero a menos que descubramos cómo mantener esto fuera de la corriente de desechos, simplemente nos matará».
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Actualidad
Calentamiento global S.A.: cómo lucrar con el fin del mundo
Publicado
hace 1 añoel
10 de septiembre de 2025Por
ANWO
El calentamiento global se transformó en el miedo universal del siglo XXI. No importa dónde vivas, qué idioma hables o a qué partido político sigas: la narrativa es la misma —“la Tierra está en peligro y tú eres el culpable”.

La estrategia psicológica
Este discurso no es nuevo: en la historia se ha usado el miedo al castigo divino, el miedo al comunismo, el miedo al terrorismo… Hoy, el miedo climático cumple la misma función.
El ciudadano común se siente responsable de sequías, huracanes y derretimiento de glaciares, aunque en realidad su huella sea insignificante frente a la de corporaciones, ejércitos y grandes industrias.
El truco consiste en internalizar la culpa: hacer que la gente piense que por usar popote o no reciclar está condenando al planeta entero.
Del miedo al consumo
Cuando el miedo ya está instalado, se ofrece la redención.
- ¿Sientes culpa por contaminar? Compra bolsas de tela.
- ¿Temes al plástico? Compra botellas “biodegradables”.
- ¿Quieres salvar al planeta? Paga más por un empaque eco-friendly.
Se crea así un mercado de la conciencia tranquila, donde los productos no se venden por lo que son, sino por el alivio moral que generan.
Impacto real vs. impacto comercial
El problema es que muchas de estas soluciones son más marketing que ecología:
- Un popote de metal requiere tanta energía en su producción que necesita cientos de usos para compensar un popote de plástico.
- Los plásticos “biodegradables” se degradan solo en plantas industriales, no en tiraderos comunes.
- La ropa reciclada muchas veces es solo una mezcla mínima de fibras plásticas, pero se vende a precio premium.
En otras palabras: el planeta sigue ardiendo, pero el negocio crece. El miedo no se resuelve, se administra como un recurso renovable para mantener el consumo constante.
El caso del “popote”
En 2018, millones de personas alrededor del mundo se convencieron de que el popote de plástico era el gran enemigo del planeta. Campañas virales, fotos de tortugas con popotes en la nariz, videos desgarradores.
El mensaje fue claro: si usas popote, destruyes la vida marina.
¿Resultado? Gobiernos prohibieron los popotes, restaurantes los retiraron y las marcas aprovecharon la ola para vender popotes metálicos, de bambú o de vidrio a precios mucho más altos.
El detalle: los popotes representan menos del 0.025% del plástico en los océanos. La mayor parte proviene de redes de pesca, transporte marítimo y basura industrial. Pero esos sectores no se tocan porque son negocios intocables.
En otras palabras, se trasladó la culpa al consumidor común y se creó un mercado millonario de popotes alternativos, mientras el problema real quedó intacto.
La moda “verde” corporativa
Algo similar ocurre con las grandes marcas de bebidas y comida rápida:
Las compañías de ropa producen “colecciones recicladas” que representan apenas un porcentaje mínimo de su producción total, pero sirven para construir imagen y subir precios.
Sacan botellas con 30% de plástico reciclado y las venden como revolución sustentable.
Lanzan ediciones limitadas “eco” que cuestan más, aunque la producción global siga siendo igual de contaminante.
El miedo climático funciona como un producto en sí mismo: se vende la idea de que el consumidor individual puede salvar al planeta con compras simbólicas, mientras los verdaderos responsables mantienen intactas sus prácticas.
Al final, lo que menos cambia es el planeta… lo que más crece son los márgenes de ganancia.

Los nuevos gigantes verdes
Si el miedo es el producto, los gigantes corporativos son los que monopolizan la venta de la salvación. En nombre del calentamiento global, las grandes empresas han encontrado la forma de presentarse como héroes del planeta, al tiempo que crean nuevos imperios económicos.
Autos eléctricos: la promesa de “cero emisiones”
El auto eléctrico es el símbolo máximo de la transición verde. Se vende como “cero emisiones”, pero detrás de esa imagen hay una realidad mucho menos limpia:
- La extracción de litio, cobalto y níquel para baterías destruye ecosistemas completos y deja comunidades enteras sin agua.
- La mayor parte de la electricidad que los recarga proviene todavía de carbón, gas o petróleo.
- Las baterías usadas generan un nuevo problema de desechos tóxicos para el que aún no existe solución global.
Aun así, gobiernos de todo el mundo subsidian su compra, beneficiando principalmente a las grandes automotrices. No es salvar el planeta, es crear un nuevo mercado cautivo.
Créditos de carbono: contaminar pagando
Los llamados “créditos de carbono” son la genialidad del capitalismo verde: una empresa altamente contaminante puede seguir emitiendo CO₂ siempre que pague por proyectos compensatorios, como plantar árboles o financiar energías renovables en otro país.
El resultado:
- Empresas siguen contaminando igual.
- Los gobiernos presumen reducciones en papel.
- Se abre un mercado especulativo de bonos y certificados que se comercian como acciones en Wall Street.
En otras palabras, se convirtió en un negocio global donde contaminar es legal si pagas lo suficiente.
Energías renovables: sol y viento… con dueño
La transición energética es otra bandera verde. Paneles solares y aerogeneradores se presentan como la panacea, pero:
- Los megaproyectos solares y eólicos requieren miles de hectáreas, muchas veces en tierras comunales o ejidales, donde las comunidades terminan desplazadas.
- Los beneficios económicos se concentran en grandes corporaciones extranjeras, no en los habitantes locales.
- La fabricación de paneles solares y turbinas también depende de materiales que contaminan en su extracción.
Así, el “futuro limpio” tiene dueño y factura miles de millones, aunque la justicia ambiental sea mínima.
Los gigantes verdes no están resolviendo el problema, lo están reconfigurando en un mercado global. Cada solución se convierte en un producto, cada producto en un negocio, y cada negocio en una oportunidad de control. El planeta arde, pero los nuevos titanes verdes no buscan apagar el fuego: buscan vendernos el extinguidor.

Fondos, subsidios e impuestos “verdes”
La industria del calentamiento global no solo se sostiene con productos de consumo masivo, sino con un andamiaje financiero y político que asegura flujos de dinero constantes. Es el negocio institucionalizado: gobiernos que subsidian, bancos que invierten y ciudadanos que pagan.
Fondos verdes: trillones en juego
El cambio climático abrió una de las mayores oportunidades de inversión del siglo XXI: los bonos climáticos y los fondos de inversión verdes.
- Según la Climate Bonds Initiative, el mercado de bonos verdes supera ya los 2.5 billones de dólares a nivel global.
- Empresas y gobiernos los emiten para financiar proyectos supuestamente sustentables, pero muchas veces los fondos acaban en megaproyectos polémicos (presas, parques eólicos, minería “verde”).
- Al final, Wall Street y los bancos internacionales encuentran en el “planeta en peligro” un motor financiero estable y de largo plazo.
Subsidios estatales: el dinero público al rescate
Los gobiernos destinan miles de millones en subsidios y estímulos fiscales para las llamadas “tecnologías limpias”:
- Compra de autos eléctricos.
- Instalación de paneles solares.
- Incentivos fiscales a corporaciones energéticas.
El problema: gran parte de estos beneficios no llegan al ciudadano común, sino a empresas que ya son gigantescas. Tesla, por ejemplo, construyó su imperio inicial gracias a subsidios estatales en EE. UU. y China. Lo que parece política ambiental es en realidad transferencia de riqueza pública hacia corporaciones privadas.
Impuestos verdes: la carga al consumidor
Bajo el argumento de “cuidar el planeta”, se han creado nuevas figuras fiscales:
- Impuestos al carbono en combustibles y transporte.
- Cobros extra por empaques no reciclables.
- Tarifas ambientales en turismo y aviación.
En la práctica, estas medidas no modifican las prácticas de los grandes contaminadores, pero sí encarecen la vida cotidiana del ciudadano. El consumidor paga más por productos “eco” mientras las corporaciones continúan operando sin cambios estructurales.
Los fondos, subsidios e impuestos “verdes” son la columna vertebral de la industria del calentamiento global. Se presenta como política ambiental, pero es en realidad un sistema financiero paralelo que canaliza dinero público y privado hacia quienes han sabido monetizar el miedo climático. El planeta sigue esperando resultados; los balances contables, en cambio, no paran de crecer.

Lo que queda fuera del discurso
En cada cumbre internacional, en cada campaña oficial y en cada reportaje sobre el calentamiento global, hay grandes ausentes. Son sectores tan poderosos que se mantienen fuera del radar mediático y político, aunque sean responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.
El transporte marítimo y aéreo: la excepción invisible
- El transporte marítimo internacional mueve más del 80% del comercio mundial y es responsable de cerca del 3% de las emisiones globales de CO₂, lo mismo que un país entero como Alemania.
- La aviación comercial, con millones de vuelos al año, representa casi otro 2.5% de las emisiones globales.
- Sin embargo, en los acuerdos climáticos internacionales, estos sectores aparecen apenas con compromisos voluntarios, sin regulaciones estrictas ni impuestos proporcionales.
El mensaje es claro: puedes multar al ciudadano por usar bolsas de plástico, pero no tocas al buque carguero que trae 10 mil contenedores de China.
La industria militar: el intocable mayor contaminado
El ejército de EE. UU. es considerado el mayor consumidor institucional de petróleo en el mundo. Su gasto energético supera al de países enteros.
- Aviones de combate, tanques, portaaviones y bases militares generan una huella de carbono monumental.
- Aun así, la industria militar queda fuera de las negociaciones climáticas internacionales: no aparece en los compromisos de reducción de emisiones ni en los informes globales.
En otras palabras: se puede culpar al ciudadano por usar un auto viejo, pero los ejércitos pueden seguir contaminando sin que nadie los cuestione.
Las corporaciones que se “pintan de verde
Grandes compañías de petróleo, gas y minería lanzan campañas millonarias para mostrar su compromiso ambiental. Pero:
- Siguen expandiendo proyectos de extracción.
- Financian investigaciones y ONGs que suavizan su imagen.
- Pagan bonos de carbono para legitimarse como “net zero” sin modificar su modelo de negocios.
Es un lavado verde de imagen: contaminan a gran escala mientras trasladan la culpa y el costo al consumidor común.
El discurso climático oficial está diseñado para señalar lo que conviene y silenciar lo que amenaza al negocio. Los sectores más poderosos —transporte global, industria militar y megacorporaciones— permanecen intocables.
La narrativa del calentamiento global no es solo ciencia: es también un guion político y económico donde los verdaderos responsables nunca aparecen en escena.

Salvar al planeta o salvar bolsillos
El calentamiento global existe y es un fenómeno real, pero su gestión se ha convertido en un negocio multimillonario disfrazado de salvación ambiental. La confusión intencional entre cambio climático (natural) y calentamiento global (atribuido al humano) ha permitido construir un guion político y económico que funciona con tres pasos muy claros:
- Instalar el miedo: el mundo se va a acabar.
- Culpabilizar al ciudadano: tu consumo, tus bolsas, tus popotes.
- Ofrecer la redención: compra productos verdes, paga impuestos, acepta subsidios que terminan en manos corporativas.
El resultado es un sistema perfecto de transferencia de riqueza:
- Gobiernos que recaudan nuevos impuestos ambientales.
- Corporaciones que facturan con el sello “eco”.
- Bancos que especulan con bonos climáticos.
- Y ciudadanos que pagan más caro por todo mientras el planeta sigue en crisis.
La gran ironía es que lo único verdaderamente sustentable es el negocio mismo, no el futuro de la Tierra. El discurso ambiental se convierte en un escaparate de marketing donde lo verde no significa limpio, sino rentable.
“Calentamiento global S.A.” no es solo un juego de palabras: es la realidad. Una industria que lucra con el miedo, que convierte la culpa en dinero y que asegura que, aunque el planeta siga ardiendo, sus bolsillos nunca dejen de crecer.
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25 de noviembre de 2022Por
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hace 4 añosel
23 de noviembre de 2022Por
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Algo preocupante parece estar sucediendo con los suministros de agua del mundo, ya que los lagos y ríos aparentemente en todas partes se secan debido a la sequía, en algunos casos, pero por razones desconocidas en otros.
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