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¿Qué se espera en los próximos 100 días de la guerra entre Rusia y Ucrania?

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El Consejo de Relaciones Exteriores con sede en Nueva York realizó una videoconferencia el 31 de mayo titulada La guerra de Rusia en Ucrania: ¿Cómo termina?. El presidente del think tank Richard Haas presidió el panel de distinguidos participantes: Stephen Hadley, el profesor Charles Kupchan, Alina Polyakova y el teniente general (retirado) Stephen Twitty. Fue una gran discusión dominada por la corriente liberal internacionalista que hasta ahora ha guiado al equipo de seguridad nacional del presidente Biden, que quiere ayudar a Ucrania a librar una larga guerra contra Rusia.

Lo sorprendente de la discusión fue el reconocimiento expresado con franqueza por un ex general que realmente había luchado en guerras de que no hay forma de que Rusia pueda ser derrotada en Ucrania y, por lo tanto, tiene que haber cierta claridad en cuanto al final declarado para Rusia “debilitada”. El pronóstico sombrío era que la unidad europea a propósito de la guerra ya no se sostiene.

En tercer lugar, un escenario plausible sería que Rusia convierta a Ucrania en un “conflicto congelado” una vez que la fase actual de la guerra alcance los límites administrativos de Donbass, conecte Donbass con Crimea e incorpore a Kherson y una “pausa estratégica y un punto muerto en el no- futuro demasiado lejano” puede abrir la puerta a la diplomacia.

Posiblemente, un aire frío de realismo está soplando en el establecimiento de Washington de que Rusia está ganando la Batalla de Donbass y que una victoria militar rusa final sobre Ucrania está incluso dentro de los límites de la posibilidad. En particular, el profesor Kupchan, miembro de la facultad de Georgetown, inyectó una gran dosis de realismo:

  • “Cuanto más dure esta [guerra], mayores serán los efectos colaterales negativos económica y políticamente, incluso aquí en los Estados Unidos, donde la inflación realmente está poniendo a Biden en una posición difícil”;
  • “Necesitamos cambiar esa narrativa [que cualquiera que hable sobre un acuerdo territorial es un apaciguador] y comenzar una conversación con Ucrania y, en última instancia, con Rusia sobre cómo terminar esta guerra más temprano que tarde”;
  • “Dónde termina la línea del frente, queda por ver cuánto territorio pueden recuperar los ucranianos”;
  • “Creo que el aspecto de guerra caliente de esto es más peligroso de lo que muchas personas perciben, no solo por la escalada sino por los efectos de retroceso”;
  • “Creo que estamos empezando a ver grietas en Occidente… habrá un resurgimiento del republicanismo de ‘Estados Unidos primero’ a medida que nos acerquemos a las elecciones intermedias”;
  • “Todo esto me lleva a creer que deberíamos impulsar la terminación de la guerra y tener una conversación seria después de eso sobre una disposición territorial”.

Ninguno de los panelistas argumentó que se debe ganar la guerra, o que todavía se puede ganar. Pero ninguno reconoció los legítimos intereses de seguridad de Rusia tampoco. El general Twitty advirtió que Ucrania podría estar cerca del agotamiento militar; Rusia ha establecido un control de dominio marítimo en el Mar Negro y, sin embargo, “al observar el DIME (diplomático, informativo, militar y económico), lamentablemente nos falta la parte diplomática de esto. Si te das cuenta, no hay diplomacia en absoluto para tratar de llegar a algún tipo de negociación”.

Los internacionalistas liberales creen erróneamente que la OTAN es la piedra angular de la seguridad nacional de Estados Unidos. A pesar del fracaso de la imprudente decisión de Biden de emprender una guerra indirecta contra Rusia, Estados Unidos está paralizado con la OTAN y no está dispuesto a considerar un acuerdo de seguridad con Moscú.

Si la vieja narrativa en Washington se trataba de ganar la guerra, la nueva narrativa sueña despierta con “actividad partidista dirigida a las fuerzas de ocupación rusas”. Por supuesto, esta narrativa es incluso menos posible de verificar de forma independiente que las altas afirmaciones anteriores.

Es en esta zona de penumbra que el presidente Putin situó sus comentarios burlones el 9 de junio dibujando la analogía histórica de la Gran Guerra del Norte de Pedro el Grande de 21 años entre 1700-1721: la exitosa impugnación de Rusia de la supremacía del Imperio sueco en el norte, centro y Europa del Este.  Después de asistir a una función que marcó el 350 aniversario del nacimiento del icónico emperador ruso, Putin estaba charlando con una audiencia de élite de los mejores y más brillantes jóvenes científicos de Moscú.

Putin dijo: “Pedro el Grande libró la Gran Guerra del Norte durante 21 años. A primera vista, estaba en guerra con Suecia quitándole algo. No se llevaba nada, regresaba. Así fue… Volvió y reforzó, eso fue lo que hizo… todos lo reconocieron como parte de Suecia. Sin embargo, desde tiempos inmemoriales, los eslavos vivieron allí junto con los ugrofineses, y este territorio estuvo bajo el control de Rusia”.

“Claramente, nos tocó en suerte a nosotros regresar y reforzar también. Y si operamos bajo la premisa de que estos valores básicos constituyen la base de nuestra existencia, ciertamente lograremos nuestros objetivos”.

Putin dio aquí un mensaje complejo sobre el rechazo total de Rusia a la supremacía de la OTAN. No importa lo que cueste, Rusia recuperará su herencia. Esa es, ante todo, una promesa para sus compatriotas, que respaldan a Putin, cuya calificación en las encuestas hoy supera el 80 por ciento (en comparación con el 33 por ciento de Biden).

El punto es que también hay líneas de falla tácitas. No es   casualidad que los discursos rusos utilicen libremente la expresión “anglosajón” para referirse al desafío en la frontera occidental del país. Los demonios se han desatado allí. De hecho, ¿cuál fue el significado del viaje al Vaticano de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para una audiencia con el Papa Francisco en este momento?

El profesor irlandés Dr. Declan Hayes escribió recientemente un ensayo titulado Guerra Santa en Ucrania (https://www.strategic-culture.org/news/2022/06/06/holy-war-in-ukraine/) en el contexto de violentos ataques contra sacerdotes ortodoxos rusos dentro de sus iglesias en la ciudad de Stryi, en la región de Lviv y en la Ucrania controlada por Zelensky en general. Vio las marcas de «divide y vencerás» de la OTAN por todas partes. “Aunque los ataques fascistas a sacerdotes rusos vulnerables frente a sus congregaciones gallegas son una manifestación de que los fantasmas del oscuro pasado de Ucrania han resurgido, los murales de la Virgen María posando con misiles estadounidenses Javelin son otra”, escribió el profesor Hayes.

El ministro de defensa ruso, Sergei Shoigu, anunció la semana pasada que se ha establecido un «puente terrestre» con Crimea, uno de los objetivos de guerra clave de Moscú, ¡y está funcionando! Implicó la reparación de cientos de kilómetros de vía férrea. Simultáneamente, los medios informaron que se restableció el tráfico ferroviario desde Ucrania hasta la frontera con Rusia y que los camiones comenzaron a transportar el grano tomado de los elevadores en la ciudad de Melitopol a Crimea.

Shoigu prometió un «tráfico integral» hacia y desde Rusia a Kherson y luego a Crimea. Además, últimamente ha habido un flujo constante de informes de que la integración de las regiones del sur de Ucrania en Rusia está progresando rápidamente: ciudadanía rusa, matrículas de automóviles, Internet, bancos, pensiones y salarios, escuelas rusas, etc.

La semana pasada, el influyente periódico Izvestiya citó fuentes militares no identificadas que afirmaban que cualquier acuerdo de paz en este punto también debería incluir la aceptación por parte de Kiev de Kherson y Zaporizhzhia como regiones separatistas, además de Donbass y Crimea. La pregunta clave ya no es si Kiev puede retomar el sur capturado, sino cómo puede impedir que el «puente terrestre» de Rusia avance más hacia el oeste hasta Moldavia.

Por otro lado, la obstinación en las conversaciones de paz puede significar que Kiev también tenga que aceptar en una fecha posterior la pérdida de Odessa. Pero, ¿quién hay en Europa en posición de ponerle el cascabel al gato? ¿Razonar con Zelensky? Además, Zelensky también monta un tigre. Sobrevive gracias al apoyo anglosajón y, a su vez, los anglosajones nadan o se hunden con él.

Todavía no hay un final claro a la vista para esta guerra sin fisuras. Al final del día, lo que destaca es que Putin ha comparado sus acciones con respecto a Ucrania con la recuperación de Pedro el Grande del espacio histórico y cultural perdido (y las tierras) para los pueblos eslavos durante su guerra del siglo XVIII contra Suecia.

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Y recuerda… «No asumas NADA, cuestiona TODO».

Redacción Anwo.life

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Calentamiento global S.A.: cómo lucrar con el fin del mundo

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El calentamiento global se transformó en el miedo universal del siglo XXI. No importa dónde vivas, qué idioma hables o a qué partido político sigas: la narrativa es la misma —“la Tierra está en peligro y tú eres el culpable”.

La estrategia psicológica

Este discurso no es nuevo: en la historia se ha usado el miedo al castigo divino, el miedo al comunismo, el miedo al terrorismo… Hoy, el miedo climático cumple la misma función.
El ciudadano común se siente responsable de sequías, huracanes y derretimiento de glaciares, aunque en realidad su huella sea insignificante frente a la de corporaciones, ejércitos y grandes industrias.
El truco consiste en internalizar la culpa: hacer que la gente piense que por usar popote o no reciclar está condenando al planeta entero.

Del miedo al consumo

Cuando el miedo ya está instalado, se ofrece la redención.

  • ¿Sientes culpa por contaminar? Compra bolsas de tela.
  • ¿Temes al plástico? Compra botellas “biodegradables”.
  • ¿Quieres salvar al planeta? Paga más por un empaque eco-friendly.

Se crea así un mercado de la conciencia tranquila, donde los productos no se venden por lo que son, sino por el alivio moral que generan.

Impacto real vs. impacto comercial

El problema es que muchas de estas soluciones son más marketing que ecología:

  • Un popote de metal requiere tanta energía en su producción que necesita cientos de usos para compensar un popote de plástico.
  • Los plásticos “biodegradables” se degradan solo en plantas industriales, no en tiraderos comunes.
  • La ropa reciclada muchas veces es solo una mezcla mínima de fibras plásticas, pero se vende a precio premium.

En otras palabras: el planeta sigue ardiendo, pero el negocio crece. El miedo no se resuelve, se administra como un recurso renovable para mantener el consumo constante.

El caso del “popote”

En 2018, millones de personas alrededor del mundo se convencieron de que el popote de plástico era el gran enemigo del planeta. Campañas virales, fotos de tortugas con popotes en la nariz, videos desgarradores.
El mensaje fue claro: si usas popote, destruyes la vida marina.

¿Resultado? Gobiernos prohibieron los popotes, restaurantes los retiraron y las marcas aprovecharon la ola para vender popotes metálicos, de bambú o de vidrio a precios mucho más altos.

El detalle: los popotes representan menos del 0.025% del plástico en los océanos. La mayor parte proviene de redes de pesca, transporte marítimo y basura industrial. Pero esos sectores no se tocan porque son negocios intocables.

En otras palabras, se trasladó la culpa al consumidor común y se creó un mercado millonario de popotes alternativos, mientras el problema real quedó intacto.

La moda “verde” corporativa

Algo similar ocurre con las grandes marcas de bebidas y comida rápida:

Las compañías de ropa producen “colecciones recicladas” que representan apenas un porcentaje mínimo de su producción total, pero sirven para construir imagen y subir precios.

Sacan botellas con 30% de plástico reciclado y las venden como revolución sustentable.

Lanzan ediciones limitadas “eco” que cuestan más, aunque la producción global siga siendo igual de contaminante.

El miedo climático funciona como un producto en sí mismo: se vende la idea de que el consumidor individual puede salvar al planeta con compras simbólicas, mientras los verdaderos responsables mantienen intactas sus prácticas.


Al final, lo que menos cambia es el planeta… lo que más crece son los márgenes de ganancia.

Los nuevos gigantes verdes

Si el miedo es el producto, los gigantes corporativos son los que monopolizan la venta de la salvación. En nombre del calentamiento global, las grandes empresas han encontrado la forma de presentarse como héroes del planeta, al tiempo que crean nuevos imperios económicos.

Autos eléctricos: la promesa de “cero emisiones”

El auto eléctrico es el símbolo máximo de la transición verde. Se vende como “cero emisiones”, pero detrás de esa imagen hay una realidad mucho menos limpia:

  • La extracción de litio, cobalto y níquel para baterías destruye ecosistemas completos y deja comunidades enteras sin agua.
  • La mayor parte de la electricidad que los recarga proviene todavía de carbón, gas o petróleo.
  • Las baterías usadas generan un nuevo problema de desechos tóxicos para el que aún no existe solución global.

Aun así, gobiernos de todo el mundo subsidian su compra, beneficiando principalmente a las grandes automotrices. No es salvar el planeta, es crear un nuevo mercado cautivo.

Créditos de carbono: contaminar pagando

Los llamados “créditos de carbono” son la genialidad del capitalismo verde: una empresa altamente contaminante puede seguir emitiendo CO₂ siempre que pague por proyectos compensatorios, como plantar árboles o financiar energías renovables en otro país.
El resultado:

  • Empresas siguen contaminando igual.
  • Los gobiernos presumen reducciones en papel.
  • Se abre un mercado especulativo de bonos y certificados que se comercian como acciones en Wall Street.

En otras palabras, se convirtió en un negocio global donde contaminar es legal si pagas lo suficiente.

Energías renovables: sol y viento… con dueño

La transición energética es otra bandera verde. Paneles solares y aerogeneradores se presentan como la panacea, pero:

  • Los megaproyectos solares y eólicos requieren miles de hectáreas, muchas veces en tierras comunales o ejidales, donde las comunidades terminan desplazadas.
  • Los beneficios económicos se concentran en grandes corporaciones extranjeras, no en los habitantes locales.
  • La fabricación de paneles solares y turbinas también depende de materiales que contaminan en su extracción.

Así, el “futuro limpio” tiene dueño y factura miles de millones, aunque la justicia ambiental sea mínima.


Los gigantes verdes no están resolviendo el problema, lo están reconfigurando en un mercado global. Cada solución se convierte en un producto, cada producto en un negocio, y cada negocio en una oportunidad de control. El planeta arde, pero los nuevos titanes verdes no buscan apagar el fuego: buscan vendernos el extinguidor.

Fondos, subsidios e impuestos “verdes”

La industria del calentamiento global no solo se sostiene con productos de consumo masivo, sino con un andamiaje financiero y político que asegura flujos de dinero constantes. Es el negocio institucionalizado: gobiernos que subsidian, bancos que invierten y ciudadanos que pagan.

Fondos verdes: trillones en juego

El cambio climático abrió una de las mayores oportunidades de inversión del siglo XXI: los bonos climáticos y los fondos de inversión verdes.

  • Según la Climate Bonds Initiative, el mercado de bonos verdes supera ya los 2.5 billones de dólares a nivel global.
  • Empresas y gobiernos los emiten para financiar proyectos supuestamente sustentables, pero muchas veces los fondos acaban en megaproyectos polémicos (presas, parques eólicos, minería “verde”).
  • Al final, Wall Street y los bancos internacionales encuentran en el “planeta en peligro” un motor financiero estable y de largo plazo.

Subsidios estatales: el dinero público al rescate

Los gobiernos destinan miles de millones en subsidios y estímulos fiscales para las llamadas “tecnologías limpias”:

  • Compra de autos eléctricos.
  • Instalación de paneles solares.
  • Incentivos fiscales a corporaciones energéticas.

El problema: gran parte de estos beneficios no llegan al ciudadano común, sino a empresas que ya son gigantescas. Tesla, por ejemplo, construyó su imperio inicial gracias a subsidios estatales en EE. UU. y China. Lo que parece política ambiental es en realidad transferencia de riqueza pública hacia corporaciones privadas.

Impuestos verdes: la carga al consumidor

Bajo el argumento de “cuidar el planeta”, se han creado nuevas figuras fiscales:

  • Impuestos al carbono en combustibles y transporte.
  • Cobros extra por empaques no reciclables.
  • Tarifas ambientales en turismo y aviación.

En la práctica, estas medidas no modifican las prácticas de los grandes contaminadores, pero sí encarecen la vida cotidiana del ciudadano. El consumidor paga más por productos “eco” mientras las corporaciones continúan operando sin cambios estructurales.


Los fondos, subsidios e impuestos “verdes” son la columna vertebral de la industria del calentamiento global. Se presenta como política ambiental, pero es en realidad un sistema financiero paralelo que canaliza dinero público y privado hacia quienes han sabido monetizar el miedo climático. El planeta sigue esperando resultados; los balances contables, en cambio, no paran de crecer.

Lo que queda fuera del discurso

En cada cumbre internacional, en cada campaña oficial y en cada reportaje sobre el calentamiento global, hay grandes ausentes. Son sectores tan poderosos que se mantienen fuera del radar mediático y político, aunque sean responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.

El transporte marítimo y aéreo: la excepción invisible

  • El transporte marítimo internacional mueve más del 80% del comercio mundial y es responsable de cerca del 3% de las emisiones globales de CO₂, lo mismo que un país entero como Alemania.
  • La aviación comercial, con millones de vuelos al año, representa casi otro 2.5% de las emisiones globales.
  • Sin embargo, en los acuerdos climáticos internacionales, estos sectores aparecen apenas con compromisos voluntarios, sin regulaciones estrictas ni impuestos proporcionales.

El mensaje es claro: puedes multar al ciudadano por usar bolsas de plástico, pero no tocas al buque carguero que trae 10 mil contenedores de China.

La industria militar: el intocable mayor contaminado

El ejército de EE. UU. es considerado el mayor consumidor institucional de petróleo en el mundo. Su gasto energético supera al de países enteros.

  • Aviones de combate, tanques, portaaviones y bases militares generan una huella de carbono monumental.
  • Aun así, la industria militar queda fuera de las negociaciones climáticas internacionales: no aparece en los compromisos de reducción de emisiones ni en los informes globales.

En otras palabras: se puede culpar al ciudadano por usar un auto viejo, pero los ejércitos pueden seguir contaminando sin que nadie los cuestione.

Las corporaciones que se “pintan de verde

Grandes compañías de petróleo, gas y minería lanzan campañas millonarias para mostrar su compromiso ambiental. Pero:

  • Siguen expandiendo proyectos de extracción.
  • Financian investigaciones y ONGs que suavizan su imagen.
  • Pagan bonos de carbono para legitimarse como “net zero” sin modificar su modelo de negocios.

Es un lavado verde de imagen: contaminan a gran escala mientras trasladan la culpa y el costo al consumidor común.


El discurso climático oficial está diseñado para señalar lo que conviene y silenciar lo que amenaza al negocio. Los sectores más poderosos —transporte global, industria militar y megacorporaciones— permanecen intocables.


La narrativa del calentamiento global no es solo ciencia: es también un guion político y económico donde los verdaderos responsables nunca aparecen en escena.

Salvar al planeta o salvar bolsillos

El calentamiento global existe y es un fenómeno real, pero su gestión se ha convertido en un negocio multimillonario disfrazado de salvación ambiental. La confusión intencional entre cambio climático (natural) y calentamiento global (atribuido al humano) ha permitido construir un guion político y económico que funciona con tres pasos muy claros:

  1. Instalar el miedo: el mundo se va a acabar.
  2. Culpabilizar al ciudadano: tu consumo, tus bolsas, tus popotes.
  3. Ofrecer la redención: compra productos verdes, paga impuestos, acepta subsidios que terminan en manos corporativas.

El resultado es un sistema perfecto de transferencia de riqueza:

  • Gobiernos que recaudan nuevos impuestos ambientales.
  • Corporaciones que facturan con el sello “eco”.
  • Bancos que especulan con bonos climáticos.
  • Y ciudadanos que pagan más caro por todo mientras el planeta sigue en crisis.

La gran ironía es que lo único verdaderamente sustentable es el negocio mismo, no el futuro de la Tierra. El discurso ambiental se convierte en un escaparate de marketing donde lo verde no significa limpio, sino rentable.


“Calentamiento global S.A.” no es solo un juego de palabras: es la realidad. Una industria que lucra con el miedo, que convierte la culpa en dinero y que asegura que, aunque el planeta siga ardiendo, sus bolsillos nunca dejen de crecer.

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Editorial

¿Está el Ejército Mexicano preparándose para una intervención extranjera?

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invasion México
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Por: Andrew Garza

En los últimos meses han comenzado a circular rumores inquietantes: ejercicios militares atípicos, discursos nuevos desde la Sedena, análisis de inteligencia informal y voces desde dentro del propio ejército que advierten que México podría estar anticipando una posible intervención extranjera.

¿Se trata solo de paranoia alimentada por redes sociales? ¿O realmente hay señales que apuntan a un giro defensivo en la doctrina militar del país?

Esta es la pregunta que hoy nos toca plantear. Porque, aunque no haya tanques en las calles ni declaraciones oficiales de guerra, algo está cambiando en el discurso, en la forma y en el fondo del aparato militar mexicano.

1. Señales que encienden las alertas

Cambios en ejercicios militares

De acuerdo con observadores y veteranos, algunas unidades del Ejército Mexicano han comenzado a realizar maniobras con lógica de defensa territorial, no solo combate urbano contra el crimen organizado. Estas prácticas incluyen:

  • Simulación de control de rutas estratégicas y zonas fronterizas.
  • Respuesta rápida a inserciones externas.
  • Uso de armamento pesado y artillería de campaña fuera del contexto de desastres naturales.

Aunque no hay comunicados oficiales que lo confirmen, se trata de un patrón que rompe con la rutina tradicional de los planes DN-II y DN-III, enfocados en seguridad interior y atención a desastres.

Un nuevo discurso desde la Sedena

La narrativa institucional también ha cambiado sutilmente. Donde antes se hablaba de “apoyo a la población” y “seguridad pública”, ahora se comienza a escuchar:

  • “Defensa de la soberanía”,
  • “Protección de fronteras” y
  • “Preparación ante amenazas externas”.

Estas frases no son casuales. Denotan un desplazamiento simbólico hacia una visión más geopolítica del rol de las Fuerzas Armadas.

Rumores dentro del Ejército

Algunos analistas que mantienen contacto con personal activo reportan comentarios discretos entre mandos medios y altos, quienes:

  • Aseguran estar recibiendo instrucciones más orientadas a escenarios de conflicto externo.
  • Advierten sobre ejercicios que incluyen la simulación de ingreso de tropas extranjeras.
  • Mencionan una creciente presión política para mantener “el control territorial total”.

Si bien se trata de información no confirmada, el hecho de que estos rumores circulen dentro del Ejército es ya un dato relevante.

Lo que dicen los medios alternativos

Programas como Tras las Líneas y figuras como GAFE423 han planteado con seriedad una hipótesis incómoda:

“El Ejército Mexicano se está preparando no para invadir, sino para repeler una invasión.”

En su análisis, vinculan esta postura con las declaraciones públicas de Donald Trump y legisladores republicanos que han sugerido intervenir militarmente en México para combatir a los cárteles, incluso sin autorización del gobierno mexicano.

Según estos analistas, la Sedena podría estar anticipando un escenario de intervención “quirúrgica” por parte de Estados Unidos, y estar calibrando sus capacidades para evitarlo o, al menos, dificultarlo.

2. La realidad y los límites del discurso

Doctrina legal del Ejército Mexicano

Por Constitución, las Fuerzas Armadas están diseñadas para actuar dentro del territorio nacional. El Plan DN-I —dedicado a la defensa ante agresiones externas— nunca ha sido activado en la historia reciente, y solo puede ponerse en marcha mediante declaración oficial del Senado.

No hay despliegues defensivos reales

A pesar de los rumores y el discurso, no hay evidencia visible de una movilización militar con objetivos defensivos:

  • No se han instalado cuarteles avanzados en la frontera.
  • No hay reportes de compras masivas de equipo defensivo ni despliegue aéreo estratégico.
  • Las acciones continúan concentradas en seguridad pública, migración y combate al crimen.

La postura del gobierno

La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara:

“Nuestro territorio es inviolable. Nuestra soberanía es inviolable. Podemos cooperar, pero nunca aceptaremos tropas estadounidenses en nuestro suelo.”

Sedena, por su parte, mantiene el discurso de colaboración, pero también ha endurecido el tono en cuanto a soberanía y autonomía operativa.

¿Y si es solo una narrativa?

Existe también otra lectura: que todo esto no es preparación real para un conflicto armado, sino una narrativa estratégica con fines internos:

  • Justificar un mayor presupuesto militar.
  • Expandir la militarización del territorio bajo el pretexto de seguridad nacional.
  • Generar cohesión interna en el Ejército ante un escenario político volátil.

3. Entre la sospecha y la evidencia

El Ejército Mexicano no está movilizando tropas, ni hay señales claras de preparación para una guerra.

Pero sí es cierto que:

  • El discurso ha cambiado.
  • Los entrenamientos se están adaptando.
  • Circulan rumores internos sobre escenarios de conflicto externo.

¿Es paranoia o prevención? ¿Narrativa política o preparación táctica?

Por ahora, la evidencia apunta más a lo segundo. Pero cuando las Fuerzas Armadas cambian su lógica, vale la pena al menos hacerse la pregunta.

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Pánico en Italia por la Subida de Precios de la Pasta: ¿Impactará en Estados Unidos?

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En Italia
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En Italia, la pasta es un asunto serio y fundamental en la vida diaria. Por lo tanto, no es sorprendente que los precios disparados de los espaguetis, fettuccinis, bucatinis y otros favoritos hayan causado pánico en Italia. Una inminente crisis de la pasta ha asustado tanto a los italianos que el gobierno ha convocado reuniones especiales para abordar el aumento de precios. Incluso los consumidores italianos enojados han llamado a una «huelga de pasta» para protestar contra los precios en aumento.

(más…)

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