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La ley moral contra la tiranía
Publicado
hace 5 añosel
Por
ANWO
Se ha percatado de la frecuencia con la que usamos la palabra «ley» en nuestras conversaciones? Leemos o escuchamos, «Eso es contra la ley» cuando alguien quiere que otra persona no haga algo, y «Debería haber una ley» cuando alguien quiere restringir más a los demás. Leemos argumentos sobre lo que realmente significa decir que la Constitución es la ley más alta de un país. Pero pocas personas parecen pensar a más de un milímetro de profundidad en la ley. ¿Existe alguna ley más allá del derecho civil? ¿Qué queremos decir cuando decimos «ley» en un contexto particular? ¿Cuáles son las limitaciones legales actuales? ¿Cuáles deberían ser los límites de la ley?
En particular, como escribió Bruno Leoni en Freedom and the Law, “La libertad individual… se ha reducido gradualmente… porque la ley estatutaria facultaba a los funcionarios a comportarse de maneras que, de acuerdo con la ley anterior, habrían sido juzgadas como usurpaciones de poder e intrusiones a la libertad individual de los ciudadanos».
Leonard Read consideró estos temas en «Law versus Tyranny», en Castles in the Air de 1975. En un momento en el que incluso el pensamiento confuso sobre ese tema es poco común, y el pensamiento claro casi inaudito en el discurso popular, ese tema merece una atención más cuidadosa, porque si «la vigilancia eterna es el precio de la libertad», los estadounidenses no han estado suficientemente dispuestos a pagar el precio de la vigilancia, lo que nos obliga a pagar un precio mucho más alto en libertad como resultado.
¿Ley moral o edictos legales?
¿Qué es ley? ¿Es un cuerpo de edictos legales respaldados por la fuerza? ¿O una conciencia de las obligaciones morales? … ¿Cuál tiene prioridad? … Este último… no un torrente de edictos legales… diseñados para controlar los asuntos de la sociedad.
Todas las leyes creadas por el hombre, los edictos legales, que van más allá de codificar y complementar la ley moral, no sirven para unir a los hombres, sino para esparcirlos, creando caos en lugar de armonía, tiranía en lugar de orden pacífico.
¿Quién es soberano?
Fundamental para mi fe es el rechazo del gobierno como poder soberano. Esto nos pone del lado de los escritores de la Declaración de Independencia norteamericana, al proclamar al Creador como el otorgante de los derechos de los hombres, proclamaron al Creador como soberano, negando al gobierno ese papel antiguo y medieval. Estamos de acuerdo en ser moralistas siendo los valores morales el punto de vista correcto desde el que buscar la mejora, el refinamiento.
¿Cuáles son los fundamentos de la moralidad? … Mis fundamentos son la Regla de Oro y los Diez Mandamientos. La regla de oro, en mi opinión, es el principio fundamental de la economía sólida y, sin duda, la proposición ética más antigua de carácter claramente universal. Que nadie haga a los demás lo que no quiere que le hagan a él; eso sería casi lo ideal, económica, social, moral y éticamente.
¿Cuál es la relación entre la ley moral y la ley hecha por el hombre?
Hay valores morales que son reforzados apropiadamente por la ley hecha por el hombre, y otros valores morales que no se prestan a la implementación legal, donde las leyes hechas por el hombre son apropiadas, es donde son complementarias a la ley moral.
Las leyes creadas por el hombre (edictos legales respaldados por la fuerza) son inapropiadas cuando se dirigen a lo que el individuo piensa, cree o se hace a sí mismo. La vida interior de un hombre solo puede verse afectada, nunca mejorada, por fuerzas coercitivas. El gobierno no es más que un brazo de la sociedad y su único papel adecuado es codificar e inhibir los daños infligidos a la sociedad, es decir, a otros que no sean uno mismo. La autolesión está sujeta a la autocorrección, ¡ninguna otra!
Toma el mandamiento: «No codiciarás». ¿Hacer cumplir esto mediante una ley hecha por el hombre? El absurdo es obvio. La envidia es la raíz de muchos males —robar, matar y cosas por el estilo—, pero no se puede acabar con una pistola, un garrote, un puño o cualquier otra fuerza física.
El moralista afirma que hay una ley moral por la cual se puede distinguir el bien del mal. Pero él sabe que es impotente para aliviar a cualquier individuo de ciertas consecuencias de las acciones inmorales de esa persona. Tales promulgaciones humanas, ciertamente serían una forma de tiranía, una invitación a la anarquía en la creencia errónea de que uno podría violar la ley moral con impunidad.
Claramente, la ley moral tiene prioridad sobre los edictos legales de la ley civil. Este último tiene un propósito útil siempre que se comprenda y se preste atención a su función limitada. Cuando la ley estatutaria invade el dominio de la ley moral, ella misma es ineficaz y paraliza la acción moral.
¿Hacer cumplir coercitivamente una observación de la Regla de Oro cuando solo es posible la autoaplicación? ¡Absurdo! ¿Puede el gobierno detener la codicia convirtiéndola en ilegal? ¡Por supuesto no! El papel del derecho civil debe limitarse exclusivamente a inhibir las lesiones que algunos infligen a otros, nunca dirigidas a las lesiones que nos infligimos a nosotros mismos.
Mi código moral se basa en la Regla de Oro y los Diez Mandamientos, y pediría a la ley civil que me ayude a hacer cumplir solo estos: «No matarás», «No robarás» y «No darás falso testimonio». Cada uno de estos males inflige daño a otros. Este comportamiento destructivo debería ser inhibido, en la medida de lo posible, por el brazo organizado y legal de la sociedad: el gobierno.
¿A quién se aplica «No robarás»?
Solo aquellos que razonan claramente de causa a consecuencia se mantienen firmes en apoyo de «No robarás». Es cierto que ni uno entre mil robaría la barra de pan de otro. ¡Total respeto por la propiedad privada a nivel de usted y yo! Sin embargo, millones de personas le pedirán al gobierno que se haga cargo de ellos. ¡Saqueo a nivel impersonal! ¿Por qué? La misma vieja razón: gobierno fuera de límites, es decir, gobierno como soberano. “El rey no puede hacer nada malo; por lo tanto, lo que él hace por mí a expensas de los demás está bien». ¿Razonamiento sólido? ¡Difícilmente!
A quienes aprecian la libertad se les aconseja que respeten y defiendan los reclamos legítimos de los demás. Observe que “No robarás” presupone la propiedad privada, la piedra angular o fundamento de la libertad individual. Descuidar esta ley moral es negar ser el propio hombre; la desobediencia invita a la esclavitud, a ser dueño.
Observe cómo los frutos del esfuerzo individual son cada vez más expropiados por el colectivo, cómo nuestras opciones de propiedad están disminuyendo, la forma de revertir esta terrible tendencia es hacer caso al Mandamiento contra el robo. El papel del gobierno aquí, como en el caso del asesinato, es inhibir estas infracciones de la ley moral, no promoverlas.
Leonard Read ya estaba nadando contra la corriente moderna cuando escribió «Libertad versus tiranía». Desde entonces, “No robarás” parece haber perdido aún más terreno ante la dominación del gobierno, lo que lo hace aún más importante. Al leerlo, también me sorprende lo mucho que su argumento se hace eco del clásico de Frederic Bastiat, La ley, escrito 125 años antes (que Read encargó una traducción al inglés moderno en su centenario, una traducción que desde entonces ha vendido más de medio millón de copias).
Cualquiera que encuentre interesante el tratamiento de Read sobre “Ley versus Libertad” también debería leer La Ley de Bastiat, si aún no lo ha hecho, y releerlo si lo ha hecho. Es breve, coherente y perspicaz, y cada vez más, a medida que nuestro universo dominado por el gobierno se está expandiendo rápidamente lejos de él. Considere solo algunas de esas palabras, tan estrechamente alineadas con el análisis de Read, como refuerzo:
Cada uno de nosotros tiene un derecho natural —de Dios— de defender su persona, su libertad y su propiedad. La fuerza común que protege este derecho colectivo no puede lógicamente tener otro propósito, no puede usarse legalmente para destruir la persona, la libertad, o propiedad de individuos o grupos.
Con el pretexto de organización, regulación, protección o estímulo, la ley le quita la propiedad a una persona y se la da a otra. La ley se ha convertido en un instrumento de injusticia.
Fíjense si la ley les quita a algunas personas lo que les pertenece y se lo da a otras personas a las que no les pertenece. Vea si la ley beneficia a un ciudadano a expensas de otro al hacer lo que el ciudadano mismo no puede hacer sin cometer un delito, este acto que se supone que debe reprimir.
No es cierto que la función de la ley sea regular nuestras conciencias, nuestras ideas, nuestras voluntades, nuestra educación, nuestras opiniones, nuestro trabajo, nuestro oficio, nuestros talentos o nuestros placeres. La función de la ley es proteger el libre ejercicio de estos derechos.
La ley es para proteger a las personas y la propiedad. Si la ley actúa de cualquier manera excepto para protegerlos, sus acciones necesariamente violan la libertad de las personas y su derecho a la propiedad.
Si el gobierno se limitara a sus funciones adecuadas, pronto todos sabrían que la mayoría de los asuntos no están dentro de la jurisdicción de la ley.
Ya sea que se trate de prosperidad, moralidad, igualdad, derecho, justicia, progreso, responsabilidad, cooperación, propiedad, trabajo, comercio, capital, salarios, impuestos, población, finanzas o gobierno, la solución a los problemas de las relaciones humanas es ser encontrado en libertad.
Toda esperanza descansa en las acciones libres y voluntarias de personas dentro de los límites del derecho; la ley o la fuerza no deben usarse para nada excepto para la administración de la justicia universal.
Ahora que los legisladores y los bienhechores han infligido inútilmente tantos sistemas a la sociedad, que finalmente terminen donde deberían haber comenzado y prueben la libertad.
*Autor: Gary M. Galles – Instituto Mises
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Actualidad
Calentamiento global S.A.: cómo lucrar con el fin del mundo
Publicado
hace 12 mesesel
10 de septiembre de 2025Por
ANWO
El calentamiento global se transformó en el miedo universal del siglo XXI. No importa dónde vivas, qué idioma hables o a qué partido político sigas: la narrativa es la misma —“la Tierra está en peligro y tú eres el culpable”.

La estrategia psicológica
Este discurso no es nuevo: en la historia se ha usado el miedo al castigo divino, el miedo al comunismo, el miedo al terrorismo… Hoy, el miedo climático cumple la misma función.
El ciudadano común se siente responsable de sequías, huracanes y derretimiento de glaciares, aunque en realidad su huella sea insignificante frente a la de corporaciones, ejércitos y grandes industrias.
El truco consiste en internalizar la culpa: hacer que la gente piense que por usar popote o no reciclar está condenando al planeta entero.
Del miedo al consumo
Cuando el miedo ya está instalado, se ofrece la redención.
- ¿Sientes culpa por contaminar? Compra bolsas de tela.
- ¿Temes al plástico? Compra botellas “biodegradables”.
- ¿Quieres salvar al planeta? Paga más por un empaque eco-friendly.
Se crea así un mercado de la conciencia tranquila, donde los productos no se venden por lo que son, sino por el alivio moral que generan.
Impacto real vs. impacto comercial
El problema es que muchas de estas soluciones son más marketing que ecología:
- Un popote de metal requiere tanta energía en su producción que necesita cientos de usos para compensar un popote de plástico.
- Los plásticos “biodegradables” se degradan solo en plantas industriales, no en tiraderos comunes.
- La ropa reciclada muchas veces es solo una mezcla mínima de fibras plásticas, pero se vende a precio premium.
En otras palabras: el planeta sigue ardiendo, pero el negocio crece. El miedo no se resuelve, se administra como un recurso renovable para mantener el consumo constante.
El caso del “popote”
En 2018, millones de personas alrededor del mundo se convencieron de que el popote de plástico era el gran enemigo del planeta. Campañas virales, fotos de tortugas con popotes en la nariz, videos desgarradores.
El mensaje fue claro: si usas popote, destruyes la vida marina.
¿Resultado? Gobiernos prohibieron los popotes, restaurantes los retiraron y las marcas aprovecharon la ola para vender popotes metálicos, de bambú o de vidrio a precios mucho más altos.
El detalle: los popotes representan menos del 0.025% del plástico en los océanos. La mayor parte proviene de redes de pesca, transporte marítimo y basura industrial. Pero esos sectores no se tocan porque son negocios intocables.
En otras palabras, se trasladó la culpa al consumidor común y se creó un mercado millonario de popotes alternativos, mientras el problema real quedó intacto.
La moda “verde” corporativa
Algo similar ocurre con las grandes marcas de bebidas y comida rápida:
Las compañías de ropa producen “colecciones recicladas” que representan apenas un porcentaje mínimo de su producción total, pero sirven para construir imagen y subir precios.
Sacan botellas con 30% de plástico reciclado y las venden como revolución sustentable.
Lanzan ediciones limitadas “eco” que cuestan más, aunque la producción global siga siendo igual de contaminante.
El miedo climático funciona como un producto en sí mismo: se vende la idea de que el consumidor individual puede salvar al planeta con compras simbólicas, mientras los verdaderos responsables mantienen intactas sus prácticas.
Al final, lo que menos cambia es el planeta… lo que más crece son los márgenes de ganancia.

Los nuevos gigantes verdes
Si el miedo es el producto, los gigantes corporativos son los que monopolizan la venta de la salvación. En nombre del calentamiento global, las grandes empresas han encontrado la forma de presentarse como héroes del planeta, al tiempo que crean nuevos imperios económicos.
Autos eléctricos: la promesa de “cero emisiones”
El auto eléctrico es el símbolo máximo de la transición verde. Se vende como “cero emisiones”, pero detrás de esa imagen hay una realidad mucho menos limpia:
- La extracción de litio, cobalto y níquel para baterías destruye ecosistemas completos y deja comunidades enteras sin agua.
- La mayor parte de la electricidad que los recarga proviene todavía de carbón, gas o petróleo.
- Las baterías usadas generan un nuevo problema de desechos tóxicos para el que aún no existe solución global.
Aun así, gobiernos de todo el mundo subsidian su compra, beneficiando principalmente a las grandes automotrices. No es salvar el planeta, es crear un nuevo mercado cautivo.
Créditos de carbono: contaminar pagando
Los llamados “créditos de carbono” son la genialidad del capitalismo verde: una empresa altamente contaminante puede seguir emitiendo CO₂ siempre que pague por proyectos compensatorios, como plantar árboles o financiar energías renovables en otro país.
El resultado:
- Empresas siguen contaminando igual.
- Los gobiernos presumen reducciones en papel.
- Se abre un mercado especulativo de bonos y certificados que se comercian como acciones en Wall Street.
En otras palabras, se convirtió en un negocio global donde contaminar es legal si pagas lo suficiente.
Energías renovables: sol y viento… con dueño
La transición energética es otra bandera verde. Paneles solares y aerogeneradores se presentan como la panacea, pero:
- Los megaproyectos solares y eólicos requieren miles de hectáreas, muchas veces en tierras comunales o ejidales, donde las comunidades terminan desplazadas.
- Los beneficios económicos se concentran en grandes corporaciones extranjeras, no en los habitantes locales.
- La fabricación de paneles solares y turbinas también depende de materiales que contaminan en su extracción.
Así, el “futuro limpio” tiene dueño y factura miles de millones, aunque la justicia ambiental sea mínima.
Los gigantes verdes no están resolviendo el problema, lo están reconfigurando en un mercado global. Cada solución se convierte en un producto, cada producto en un negocio, y cada negocio en una oportunidad de control. El planeta arde, pero los nuevos titanes verdes no buscan apagar el fuego: buscan vendernos el extinguidor.

Fondos, subsidios e impuestos “verdes”
La industria del calentamiento global no solo se sostiene con productos de consumo masivo, sino con un andamiaje financiero y político que asegura flujos de dinero constantes. Es el negocio institucionalizado: gobiernos que subsidian, bancos que invierten y ciudadanos que pagan.
Fondos verdes: trillones en juego
El cambio climático abrió una de las mayores oportunidades de inversión del siglo XXI: los bonos climáticos y los fondos de inversión verdes.
- Según la Climate Bonds Initiative, el mercado de bonos verdes supera ya los 2.5 billones de dólares a nivel global.
- Empresas y gobiernos los emiten para financiar proyectos supuestamente sustentables, pero muchas veces los fondos acaban en megaproyectos polémicos (presas, parques eólicos, minería “verde”).
- Al final, Wall Street y los bancos internacionales encuentran en el “planeta en peligro” un motor financiero estable y de largo plazo.
Subsidios estatales: el dinero público al rescate
Los gobiernos destinan miles de millones en subsidios y estímulos fiscales para las llamadas “tecnologías limpias”:
- Compra de autos eléctricos.
- Instalación de paneles solares.
- Incentivos fiscales a corporaciones energéticas.
El problema: gran parte de estos beneficios no llegan al ciudadano común, sino a empresas que ya son gigantescas. Tesla, por ejemplo, construyó su imperio inicial gracias a subsidios estatales en EE. UU. y China. Lo que parece política ambiental es en realidad transferencia de riqueza pública hacia corporaciones privadas.
Impuestos verdes: la carga al consumidor
Bajo el argumento de “cuidar el planeta”, se han creado nuevas figuras fiscales:
- Impuestos al carbono en combustibles y transporte.
- Cobros extra por empaques no reciclables.
- Tarifas ambientales en turismo y aviación.
En la práctica, estas medidas no modifican las prácticas de los grandes contaminadores, pero sí encarecen la vida cotidiana del ciudadano. El consumidor paga más por productos “eco” mientras las corporaciones continúan operando sin cambios estructurales.
Los fondos, subsidios e impuestos “verdes” son la columna vertebral de la industria del calentamiento global. Se presenta como política ambiental, pero es en realidad un sistema financiero paralelo que canaliza dinero público y privado hacia quienes han sabido monetizar el miedo climático. El planeta sigue esperando resultados; los balances contables, en cambio, no paran de crecer.

Lo que queda fuera del discurso
En cada cumbre internacional, en cada campaña oficial y en cada reportaje sobre el calentamiento global, hay grandes ausentes. Son sectores tan poderosos que se mantienen fuera del radar mediático y político, aunque sean responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.
El transporte marítimo y aéreo: la excepción invisible
- El transporte marítimo internacional mueve más del 80% del comercio mundial y es responsable de cerca del 3% de las emisiones globales de CO₂, lo mismo que un país entero como Alemania.
- La aviación comercial, con millones de vuelos al año, representa casi otro 2.5% de las emisiones globales.
- Sin embargo, en los acuerdos climáticos internacionales, estos sectores aparecen apenas con compromisos voluntarios, sin regulaciones estrictas ni impuestos proporcionales.
El mensaje es claro: puedes multar al ciudadano por usar bolsas de plástico, pero no tocas al buque carguero que trae 10 mil contenedores de China.
La industria militar: el intocable mayor contaminado
El ejército de EE. UU. es considerado el mayor consumidor institucional de petróleo en el mundo. Su gasto energético supera al de países enteros.
- Aviones de combate, tanques, portaaviones y bases militares generan una huella de carbono monumental.
- Aun así, la industria militar queda fuera de las negociaciones climáticas internacionales: no aparece en los compromisos de reducción de emisiones ni en los informes globales.
En otras palabras: se puede culpar al ciudadano por usar un auto viejo, pero los ejércitos pueden seguir contaminando sin que nadie los cuestione.
Las corporaciones que se “pintan de verde
Grandes compañías de petróleo, gas y minería lanzan campañas millonarias para mostrar su compromiso ambiental. Pero:
- Siguen expandiendo proyectos de extracción.
- Financian investigaciones y ONGs que suavizan su imagen.
- Pagan bonos de carbono para legitimarse como “net zero” sin modificar su modelo de negocios.
Es un lavado verde de imagen: contaminan a gran escala mientras trasladan la culpa y el costo al consumidor común.
El discurso climático oficial está diseñado para señalar lo que conviene y silenciar lo que amenaza al negocio. Los sectores más poderosos —transporte global, industria militar y megacorporaciones— permanecen intocables.
La narrativa del calentamiento global no es solo ciencia: es también un guion político y económico donde los verdaderos responsables nunca aparecen en escena.

Salvar al planeta o salvar bolsillos
El calentamiento global existe y es un fenómeno real, pero su gestión se ha convertido en un negocio multimillonario disfrazado de salvación ambiental. La confusión intencional entre cambio climático (natural) y calentamiento global (atribuido al humano) ha permitido construir un guion político y económico que funciona con tres pasos muy claros:
- Instalar el miedo: el mundo se va a acabar.
- Culpabilizar al ciudadano: tu consumo, tus bolsas, tus popotes.
- Ofrecer la redención: compra productos verdes, paga impuestos, acepta subsidios que terminan en manos corporativas.
El resultado es un sistema perfecto de transferencia de riqueza:
- Gobiernos que recaudan nuevos impuestos ambientales.
- Corporaciones que facturan con el sello “eco”.
- Bancos que especulan con bonos climáticos.
- Y ciudadanos que pagan más caro por todo mientras el planeta sigue en crisis.
La gran ironía es que lo único verdaderamente sustentable es el negocio mismo, no el futuro de la Tierra. El discurso ambiental se convierte en un escaparate de marketing donde lo verde no significa limpio, sino rentable.
“Calentamiento global S.A.” no es solo un juego de palabras: es la realidad. Una industria que lucra con el miedo, que convierte la culpa en dinero y que asegura que, aunque el planeta siga ardiendo, sus bolsillos nunca dejen de crecer.
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Editorial
¿Está el Ejército Mexicano preparándose para una intervención extranjera?
Publicado
hace 1 añoel
28 de julio de 2025Por
ANWO
Por: Andrew Garza
En los últimos meses han comenzado a circular rumores inquietantes: ejercicios militares atípicos, discursos nuevos desde la Sedena, análisis de inteligencia informal y voces desde dentro del propio ejército que advierten que México podría estar anticipando una posible intervención extranjera.
¿Se trata solo de paranoia alimentada por redes sociales? ¿O realmente hay señales que apuntan a un giro defensivo en la doctrina militar del país?
Esta es la pregunta que hoy nos toca plantear. Porque, aunque no haya tanques en las calles ni declaraciones oficiales de guerra, algo está cambiando en el discurso, en la forma y en el fondo del aparato militar mexicano.
1. Señales que encienden las alertas
Cambios en ejercicios militares
De acuerdo con observadores y veteranos, algunas unidades del Ejército Mexicano han comenzado a realizar maniobras con lógica de defensa territorial, no solo combate urbano contra el crimen organizado. Estas prácticas incluyen:
- Simulación de control de rutas estratégicas y zonas fronterizas.
- Respuesta rápida a inserciones externas.
- Uso de armamento pesado y artillería de campaña fuera del contexto de desastres naturales.
Aunque no hay comunicados oficiales que lo confirmen, se trata de un patrón que rompe con la rutina tradicional de los planes DN-II y DN-III, enfocados en seguridad interior y atención a desastres.
Un nuevo discurso desde la Sedena
La narrativa institucional también ha cambiado sutilmente. Donde antes se hablaba de “apoyo a la población” y “seguridad pública”, ahora se comienza a escuchar:
- “Defensa de la soberanía”,
- “Protección de fronteras” y
- “Preparación ante amenazas externas”.
Estas frases no son casuales. Denotan un desplazamiento simbólico hacia una visión más geopolítica del rol de las Fuerzas Armadas.
Rumores dentro del Ejército
Algunos analistas que mantienen contacto con personal activo reportan comentarios discretos entre mandos medios y altos, quienes:
- Aseguran estar recibiendo instrucciones más orientadas a escenarios de conflicto externo.
- Advierten sobre ejercicios que incluyen la simulación de ingreso de tropas extranjeras.
- Mencionan una creciente presión política para mantener “el control territorial total”.
Si bien se trata de información no confirmada, el hecho de que estos rumores circulen dentro del Ejército es ya un dato relevante.
Lo que dicen los medios alternativos
Programas como Tras las Líneas y figuras como GAFE423 han planteado con seriedad una hipótesis incómoda:
“El Ejército Mexicano se está preparando no para invadir, sino para repeler una invasión.”
En su análisis, vinculan esta postura con las declaraciones públicas de Donald Trump y legisladores republicanos que han sugerido intervenir militarmente en México para combatir a los cárteles, incluso sin autorización del gobierno mexicano.
Según estos analistas, la Sedena podría estar anticipando un escenario de intervención “quirúrgica” por parte de Estados Unidos, y estar calibrando sus capacidades para evitarlo o, al menos, dificultarlo.
2. La realidad y los límites del discurso
Doctrina legal del Ejército Mexicano
Por Constitución, las Fuerzas Armadas están diseñadas para actuar dentro del territorio nacional. El Plan DN-I —dedicado a la defensa ante agresiones externas— nunca ha sido activado en la historia reciente, y solo puede ponerse en marcha mediante declaración oficial del Senado.
No hay despliegues defensivos reales
A pesar de los rumores y el discurso, no hay evidencia visible de una movilización militar con objetivos defensivos:
- No se han instalado cuarteles avanzados en la frontera.
- No hay reportes de compras masivas de equipo defensivo ni despliegue aéreo estratégico.
- Las acciones continúan concentradas en seguridad pública, migración y combate al crimen.
La postura del gobierno
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara:
“Nuestro territorio es inviolable. Nuestra soberanía es inviolable. Podemos cooperar, pero nunca aceptaremos tropas estadounidenses en nuestro suelo.”
Sedena, por su parte, mantiene el discurso de colaboración, pero también ha endurecido el tono en cuanto a soberanía y autonomía operativa.
¿Y si es solo una narrativa?
Existe también otra lectura: que todo esto no es preparación real para un conflicto armado, sino una narrativa estratégica con fines internos:
- Justificar un mayor presupuesto militar.
- Expandir la militarización del territorio bajo el pretexto de seguridad nacional.
- Generar cohesión interna en el Ejército ante un escenario político volátil.
3. Entre la sospecha y la evidencia
El Ejército Mexicano no está movilizando tropas, ni hay señales claras de preparación para una guerra.
Pero sí es cierto que:
- El discurso ha cambiado.
- Los entrenamientos se están adaptando.
- Circulan rumores internos sobre escenarios de conflicto externo.
¿Es paranoia o prevención? ¿Narrativa política o preparación táctica?
Por ahora, la evidencia apunta más a lo segundo. Pero cuando las Fuerzas Armadas cambian su lógica, vale la pena al menos hacerse la pregunta.
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Pánico en Italia por la Subida de Precios de la Pasta: ¿Impactará en Estados Unidos?
Publicado
hace 3 añosel
12 de junio de 2023Por
ANWO
En Italia, la pasta es un asunto serio y fundamental en la vida diaria. Por lo tanto, no es sorprendente que los precios disparados de los espaguetis, fettuccinis, bucatinis y otros favoritos hayan causado pánico en Italia. Una inminente crisis de la pasta ha asustado tanto a los italianos que el gobierno ha convocado reuniones especiales para abordar el aumento de precios. Incluso los consumidores italianos enojados han llamado a una «huelga de pasta» para protestar contra los precios en aumento.
(más…)“AYÚDANOS A MANTENER ESTA INFORMACIÓN DISPONIBLE PARA TI Y MILES DE PERSONAS MÁS”.
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